LAURA JENNER
Sentí los rayos del sol caer sobre mi cara y abrí lentamente los ojos. Me froté los ojos mientras me ponía boca arriba en la cama. La habitación está llena de rayos de sol. Anoche lloré y me quedé dormida en mitad de la noche. Y de repente todo volvió a la normalidad. Me senté rápidamente en la cama y miré a mi lado. No estaba. Anoche le esperé, pero seguía sin venir.
Me levanté de la cama y salí a buscarle.
—¡Nate!—, le llamé mientras entraba en el salón.
No contestó.
—¡Nate! ¿Dón