El día anterior a la reunión de Jacob e Izan, Diana se encontraba en la lectura del testamento de su padre.
—Buenos días —dijo el abogado cuando su madre y ella entraron al despacho. El hombre se levantó y se dirigió a ellas para estrecharles la mano—. Siento mucho su pérdida, el señor Miller era un buen hombre.
Diana carraspeó, estaba ya cansada de escuchar que su padre era un buen hombre, tal vez lo había sido en otra vida, pero no en esa.
Y nadie la haría pensar lo contrario.
—Sí, sí, por su