Diana estaba dándolo todo en la cinta de correr.
Se encontraba con el corazón a punto de salírsele del pecho y pagando con aquella máquina lo mal que se sentía, cuando su esposo se colocó a su lado.
Ella lo miró de reojo, pero no disminuyó la velocidad.
Él se había colocado en la cinta de al lado y le comentó algo que no escuchó porque estaba con la música a todo volumen.
Al ver que continuaba moviendo la boca mientras comenzaba a caminar con calma, Diana disminuyó la velocidad de golpe y saltó