Había una fina capa de sudor en su frente, luego de caminar unos minutos hacia la playa, cuando el taxi la dejó en el hotel y ella dejó sus cosas.
Miró el agua y solo le dieron ganas de entrar.
Las olas lamían la arena, dejando húmedo todo a su paso.
En su mano izquierda tenía el celular que recién se había comprado, ya tenía tres números grabados en él.
El de Berenice, Julia…y Dante.
Primero llamó a Julia.
Con sus pies descalzos se aproximó a la orilla.
—Soy Ariel.
—¡Ariel! ¿Estás bien?— pregu