—¡Espera! ¡Rachel! ¡Espera! ¡Maldita sea! — él corría muy deprisa tras ella, pero la mujer era más rápida y viendo que la interceptó justo cuando salía del gimnasio, al menos creyó que la mujer estaría cansada, pero no, seguía corriendo muy deprisa. —¡Ya estoy viejo para estas cosas!
Rachel, una de las pocas amigas con las que Annie Fendi tenía contacto, le había perdido el rastro hace un año y medio, luego de que al fin había estado confiado en que tenía cómo probar que Marco Albini estaba imp