Mundo ficciónIniciar sesiónDamiano
—Promete que volverás en una sola pieza, Damiano. Por favor, no puedes dejarme sola. ¿Qué sería de mí si no sobrevives? —Leila se deshace en sollozos mientras hunde la cara en mi pecho. Le seco las lágrimas con suavidad y la tomo por los hombros con firmeza. Sus ojos están hinchados, no ha dejado de llorar un solo día desde que empezamos a preparar todo para este momento. Reunir un ejército no fue la parte más complicada, sino la espera. Hoy es el día. Recuperaré todo lo que es mío. Me he preparado incansablemente para este día. Entrené con los mejores, pasé noches de desvelo organizando un plan de ataque que no dejara la mínima posibilidad de que mi tío Rafael sobreviva. Es la única manera de recuperar mi lugar como Alfa de la manada Luna Oscura. —Todo estará bien —la tranquilizo, alejando los mechones castaños de cabello que se le pegan a las mejillas —. Mi plan no tiene lugar a fallas. Mi tío será castigado por sus crímenes y volveré a ser el Alfa que debí haber sido. Los ojos azul cielo de Leila me miran afligidos. —Y tú serás mi Luna —le prometo con determinación. —No me importa nada de eso —estalla, sus ojos llenándose de nuevas lágrimas —. Solo quiero estar contigo. Con un suspiro, la atraigo de regreso a mi pecho. Es demasiado sensible, pero ha estado conmigo desde que mi padre fue asesinado en esa cacería. Ni siquiera pude procesar su muerte antes de caer bajo el veneno que infiltraron en mi comida. Cuando desperté, dos semanas más tarde, Leila fue el primer rostro que me recibió. Vivía en una choza escondida en lo más oscuro y peligroso del bosque de la Manada de Piedra, huérfana, cuidando de su abuela enferma y sobreviviendo el día a día como si fuera el último. Dijo que me encontró en la caída de un barranco, cerca al río, probablemente me arrojaron ahí a morir para perder mi cadáver. Leila no sabía qué hacer conmigo, pues la comida era escasa y las medicinas lo era aún más; a pesar de sus dificultades, ella me cuidó, me trató y me mantuvo con vida. A veces, cuando la miro, solo puedo pensar en lo aterrador que habrá sido para ella tener que cuidar a dos enfermos, uno de ellos, un completo desconocido que no sabía si, al despertar, sería un hombre inocente o un desalmado hijo de puta. Leila tomó el riesgo y por eso estoy aquí. Le debo cada respiro que doy ahora. Pasó cerca de un mes, luego de abrir los ojos y comer por mi cuenta, antes de curarme por completo. Apenas recuperé fuerzas, localicé al Beta Astorian, la mano derecha de mi padre. Un lobo tan leal como letal, a quien mi tío tuvo el descaro de exiliar. Fue la pieza clave para conseguir lobos que sumaran a la causa. Incluso consiguió el voto de otras manadas vecinas, ellos respaldaron mi reclamo en Luna Oscura. "No enviaremos a nuestros hombres a montar una masacre" me había dicho el Alfa Alestair cuando le pedí su apoyo en la sala del Consejo. "Cada uno de nosotros te enviará cien hombres para pelear. Pero tenemos una condición: una vez que mates a tu tío, no derramarás la sangre de tus ejércitos, a menos que quieran morir por Rafael. Nuestros hombres irán como tu respaldo, nada más". Aunque odié que me pusieran condiciones como a un crio inexperto, como si yo quisiera condenar a mi propia gente por algo que no fue su elección, acepté. El Alfa Alistair asintió entonces. Pero sé que guarda algo más. Un última condición, solo que aún no sé cuál pueda ser. Acaricio la mejilla de Leila, donde más lágrimas caen de forma incontrolable. Demasiado sensible. Me sigo preguntando cómo alguien tan fácil de romper me mantuvo vivo y oculto. —Alfa —El Beta de mi padre, Astorian, se detiene bajo el umbral de la puerta e ignora la escena que Leila ha montado —. Todos están listos. Leila ahoga otro sollozo y yo aprieto la mandíbula cuando Astorian la mira. Sé lo que está pensando: Debe aprender a comportarse si quiere que la manada la acepte como su Luna. Hago un gesto afirmativo hacia Astorian. —Saldré en un minuto. Astorian me mira con indecisión, pero inclina la cabeza y se va. —Leila —La tomo por los hombros, odio la brusquedad en mi voz cuando se sobresalta, pero no cambio mi tono —. Debo irme. Mi pecho se aprieta al ver sus ojos heridos y cómo seca sus lágrimas con gesto culpable. —Está bien —dice sin más, alejándose. Se abraza a sí misma y muerde su labio inferior tratando de contener otro sollozo. No deja de ser admirable la labor que hizo conmigo, el trabajo que llevó ser la proveedora y cuidadora de dos enfermos en medio de la nada, pero, aún así, no es lo suficiente fuerte como para controlar sus emociones. Me repito que no es su culpa. Ella está haciendo un esfuerzo por adaptarse a mí. —Voy a compensarte —es todo lo que se me ocurre decir. Ella asiente y se encierra en su cuarto improvisado dentro de la tienda. Con un suspiro, hago a un lado la sensiblería y abandono nuestro lugar de descanso. Necesita aprender, es lo que me digo. Pero no puedo enseñarle ahora. Nuestro hombres están esperando. Me acerco a Astorian, él me mira un segundo antes de guiarme con el resto de nuestro ejército. Hace un año, mi tío Rafael lo exilió a pesar de que Astorian nunca se puso en contra de su mandato. Hoy, él peleará a mi lado. —¿Estamos listos? —pregunto hacia Astorian. Él asiente. Su rostro no muestra emoción alguna. Se ha colocado la máscara de guerrero y tiene la mano firme sobre una de sus cuchillas. —Vamos entonces. El gobierno de mi tío está por acabar. Junto a él, todo lo que tomó sin permiso. Mi manada, mi hogar, mi lugar como Alfa. Todo lo que tomó se me será de vuelto. Todo.






