Damiano
—La has adoctrinado bien —es lo primero que digo cuando Leila desaparece.
Está claro que a Leila, a pesar de respetarme, se le hace más sencillo ignorar mis órdenes que las de la mujer frente a mí. Me hace inevitable preguntarme si es solo porque siente un profundo respeto por mi prometida o porque Lia la ha tratado de algún modo que le infundió cierto temor.
—Espero que la estés tratando bien.
Lia no se molesta en parecer ofendida por mi comentario.
—Pregúntale tú mismo —espe