Capítulo 02

Lia

Nunca olvidaré las palabras del difunto Alfa Bastian cuando llegué a las puertas de su casa y me extendió un brazo para escoltarme. «Sé bienvenida a nuestro hogar, cariño. A partir de hoy, eres parte de la familia».

Eso lo dijo porque iba a casarme con su hijo, no con su hermano.

Mis manos tiemblan cuando Rafael abre la puerta de nuestro dormitorio y le pide a los guardias retirarse para darnos privacidad.

Me siento en la cama matrimonial, mi largo vestido se apodera de cada centímetro del colchón y las cortinas de seda ondean con la suave brisa que se cuela por la ventana. He estado esperando esta noche con ansiedad.

Una loba solo puede quedar embarazada cuando un macho la marca. No es la regla, claro, siempre existe el riesgo de que una loba sin marcar quede encinta, pero es un riesgo, pues la madre puede perder el bebé o morir antes o durante el parto, sobre todo si se embarazan de un macho más fuerte que ellas.

En el caso de una hembra prometida, como yo, no es bien visto que me embarace antes de casarse. Y yo soy una hembra especial, fui prometida para un Alfa, para convertirme en su Luna y reina. No habría sido aceptada de ninguna forma si me atrevía a dar a luz a un bastardo.

Pero hoy es nuestra noche de bodas. Ya no soy una novia, soy su esposa y Luna de esta manada. Se espera que Rafael me marque y me embarace esta misma noche. Cuando el bebé nazca, me convertiré en reina. Es decir, si todo sale bien. Aún no está comprobado que yo pueda ser la reina que tanto esperan.

Me asusta ese resultado.

Rafael se desabrocha la camisa y yo respiro profundo. Iré a mi lugar feliz. Fingiré que todo está bien y que él es mi verdadero marido.

Pensar que me había reservado para Damiano.

Pero él no vendrá por mí.

Ya lo acepté hace mucho tiempo, cuando Rafael acudió a mis aposentos y me dijo que debía tomar una decisión, pues él debía elegir una esposa y si yo no estaba dispuesta a serlo, lo mejor era regresar a casa.

Siento los labios de Rafael en mi frente y trato de no encogerme de anticipo. Espero que me quite la ropa, que baje su boca a mi cuello y me ponga sobre mi barriga como es la forma tradicional de tomar a una hembra y...

Rafael no me toca.

Abro los ojos y lo miro. Pensé que se me arrojaría encima apenas entrar al dormitorio. Luego pensé que querría tomarse su tiempo, es una noche especial después de todo. Sin embargo, él está dándome la espada. Se cambia el traje por unos pantalones y botas de caza.

—¿Rafael? —pegunto, más que confundida —. ¿Qué estás haciendo?

Rafael no me mira mientras acomoda sus cuchillos en su cinturón y en las botas, luego saca su espada favorita. Mi cuerpo se paraliza.

—Sé que esperabas que esta noche fuera para los dos, querida, pero, ah... Esto es más importante.

Pestañeo, anonadada. ¿De verdad ha dicho eso? ¿Mi esposo, quien casi me marca varias veces antes de la boda porque estaba demasiado ansioso para esperar, posponiendo este momento? No lo entiendo.

—¿Qué es eso "importante"? —insisto, mi tono de voz más acusatorio de lo que pretendo —. ¿Más importante que nuestra noche de bodas?

Rafael me mira por encima de su hombro con curiosidad. Una sonrisa arrogante se forma en su rostro.

—¿Qué ha sido eso? ¿Mi esposa celosa y necesitada? —Se acerca a mí y se inclina a mi altura, tomando mi barbilla entre sus dedos. Le brillan los ojos por la excitación de provocarme —. Esta noche es especial para los dos. Pero tengo asuntos que resolver, asuntos que no pueden esperar. Y todo se termina hoy.

No me gusta su tono de voz. Trato de calmar mi corazón y camuflo mis emociones lo mejor que puedo. Se supone que confío en él y no debería dudar de nada de lo que me diga. Es mi deber como esposa confiar ciegamente en él.

—Al menos dime a dónde irás.

—Iré a cazar —dice, su sonrisa lobuna ensanchándose.

—¿Cazar? —repito, más confundida que antes. ¿Me va a dejar en nuestra noche de bodas por ir a cazar? Eso no tiene sentido.

Se levanta y me da la espalda, caminando hacia la puerta.

—Esta manada, este cargo, no significan nada sin ti. Eres mi bien más preciado, no puedo dejar nada sin terminar, es por eso que debo cazar a todo aquel que no esté de acuerdo con nuestra unión. Todo el que se oponga morirá hoy.

Mi corazón se detiene. ¿Irá a cazar personas? No, él no iría a buscar a todos los que muestren una pizca de descontento por su gobierno y nuestro matrimonio, no si no representan una amenaza real. Rafael es metódico y calculador, no va por ahí matando gente para hacer que lo respeten. Todo se hace bajo la mesa, discreto, justo, sobre una base.

Tengo un mal presentimiento de esto. Mi pecho se siente pesado y caliente. No me gusta.

—No me parece —digo en voz alta —. No me gusta nada de esto, siento que algo va a pasar...

—Tranquila, esposa. Volveré. No te preocupes, estaré aquí más rápido de lo que crees. Me desharé de todos los traidores y regresaré aquí, tu macho volverá a ti y pondrá un hijo en tu vientre. Seremos una familia y nadie podrá hacerte daño ni a ti ni a nuestra cría.

Se acerca una última vez y me besa, yo lo recibo. Mi estómago se siente extraño, pero sé que no son mariposas. No sé que son, solo sé que algo dentro de mí se revuelve. Pero una buena esposa nunca rechaza a su marido. Es raro que aún no pueda solo pensar como las demás mujeres. O como la mujer que fui antes de la muerte del difunto Alfa y la desaparición de su hijo. Mi corazón tiene un vacío que no he podido llenar por mucho amor que me dé mi esposo.

Tal vez solo sea mi proceso de adaptación. Y me siento fatal, pues Rafael ha sido cuidadoso y paciente: yo solo puedo darle migajas.

Cualquier hembra estaría encantada con llevar al hijo de su pareja. Las crías son la mayor alegría de una loba, debería estar contenta, ansiosa —de la buena manera—, y completamente dispuesta. Pero no puedo asimilarlo. Eso es duro. He tenido un año para aceptar todos los cambios y aún no puedo sentirme del todo a gusto con la situación.

No es que no quiera hijos, es solo que algo se siente mal en todo eso. Intento no pensar en la diferencia de edad, en que aun soy una loba joven, que aun con la maternidad puedo seguir con mi vida y ser una buena Luna pero... no lo sé.

Por eso me esfuerzo tanto en ser una buena esposa. Es para lo que me criaron.

—¿Prometes que no habrá inocentes involucrados? —pregunto suavemente —. Quiero decir, no quiero sangre derramada en mi nombre por pequeñeces...

—Cazaremos rebeldes —confiesa repentinamente. Mi sangre se hiela —. Hay un macho rebelde que se las da de alfa liderando un ejército que quiere tomar mi lugar. Se atrevieron a escoger el día de mi matrimonio para hacer un ataque, pensando que estaría demasiado embelesado con mi esposa como para tomarlos en cuenta. Parece que la muerte de mi hermano y mi sobrino ha dado la impresión de que la manada está vulnerable para cualquiera que guste tomarla. Le demostraré lo equivocado que está.

Dicho eso, abandona la habitación y la puerta se cierra lentamente, dejándome sola y pensando en sus palabras. Hay gente que está en contra de mi esposo, pero nunca harían nada en su contra porque saben que sin Damiano para asumir el cargo, nadie puede hacer anda realmente. Y respetan a la familia lo suficiente.

No hay nadie legítimo además de Damiano que podría destituir a Rafael del cargo de Alfa, ni siquiera existe un bastardo reconocido que podría ganarse el favor de varios lobos como para formar un ejército de rebeldes.

Entonces, ¿quién podría ser ese líder rebelde?

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP