Lia
Mi hermana trata de agarrarme del brazo, pero se lo impido con un movimiento brusco y la miro con absoluta frialdad.
—No te atrevas a ponerme un dedo encima.
Los ojos de Sienna se abren con impresión.
—¿Cómo dices? —sisea, incrédula de mi atrevimiento —. ¡Qué maravilla! Mi hermanita por fin aprendió a hablar. ¿Ser la prometida del Alfa te ha hecho sentir importante? Ni siquiera eres la Luna de la manada. Todavía no, Lia. Todavía no.
—Olvidas que soy la viuda del antiguo Alfa y l