Pietro parecía cómodo en su papel, como si estuviera acostumbrado a manejarlo todo con precisión y sin margen de error.
—Gracias Agnes. —dijo él una vez que llevaron todo a la mesa, desde tzatziki; pero no cualquier tzatziki. La crema de yogur era tan suave y ligera que parecía una nube. Sobre ella, láminas finas de pepino enrolladas como rosas y gotas diminutas de aceite de oliva que reflejaban la luz como oro líquido. Lo acompañaron con triángulos de pan pita recién horneado, perfumado con h