MARIANA
Llevábamos toda la mañana esperándolo en el salón.
Valentina no se despegaba de la ventana, vigilando la entrada, preguntando cada dos minutos "¿ya viene?, ¿ya viene el tío Hassan?". Layla daba vueltas, acomodando cojines que no necesitaban acomodo, nerviosa. Y yo tenía en la cocina, tapadito con un trapo, un pastel que había hecho con Valentina —torcido, cubierto de más chispas de las necesarias, con un "BIENVENIDO" escrito por una mano de cuatro años—, porque necesitaba hacer algo con