ZAYED
—No lo leas —dijo Khalid desde el otro lado del escritorio—. En serio, Zayed. No te va a servir de nada leerlo. Solo te va a subir la presión.
Lo leí de todas formas.
Era imposible no hacerlo. Estaba en todas partes. Alguien había grabado el ataque con un teléfono —desde lejos, temblando, pero se veía todo— y el video llevaba millones de reproducciones desde la madrugada. Se veía el parque. Se veía el auto oscuro. Se veía a Hassan lanzándose sobre Mariana y Valentina. Se oían los disparos