KHALID
—No puedo, mi amor. Lo siento mucho.
Yasmín me miró con esos ojos suyos, tan dulces, tan tranquilos, mientras recogía sus cosas de mi oficina.
—Es mi madre. Está muy enferma otra vez y esta noche no puedo dejarla sola. —Me acomodó el cuello de la camisa—. Ve tú a tu cena de abogados. Y me cuentas todo mañana, ¿sí?
—Claro que sí. No te preocupes por nada. —Le tomé las manos—. Tu madre es lo primero. Ve con ella.
Se puso de puntillas, le di un beso de despedida, y se fue.
Y yo me quedé mira