MARIANA
—Cuatro meses, Mariana. Van cuatro meses. —La voz de mi mamá salía del teléfono con ese tono que me hacía sentir de nuevo como una niña—. Y con este que empieza, ya casi cinco. Cinco meses, hija. Yo ya no sé qué decirle a la gente que me pregunta por ustedes.
—Ma…
—Las extraño. —Y ahí se le quebró un poquito—. Extraño a mi nieta. Extraño a mi hija. Esta casa está vacía, mija. Yo entiendo lo del trabajo, pero cinco meses no es un trabajo. Cinco meses es una vida. ¿Cuándo van a volver?
Me