OMAR
Retiró la mano.
Han pasado tres días y no puedo dejar de pensar en eso. No en su cara, no en su voz, no en el vestido que llevaba. En su mano. En cómo la retiró de la mesa, un segundo antes de que yo la rozara, con esa naturalidad de quien aparta algo sucio.
A mí.
Yo, que he tenido a mis pies a mujeres que la mitad de esta ciudad envidia. Yo, que puedo comprar el edificio entero donde estaba ese café. Y esa mexicana, una organizadora de fiestas, una nadie que llegó de la nada, retiró la ma