MARIANA
Llevaba dos días sin saber de Rodrigo. Y en lugar de tranquilizarme, eso me tenía peor.
Porque yo conocía a Rodrigo. Rodrigo no se rendía. Rodrigo no se iba con la cola entre las patas y ya. El silencio, en él, nunca era paz. El silencio era que estaba tramando algo. Algo más grande, más sucio, más peligroso. Y esa calma me daba más miedo que sus amenazas.
Estaba dándole vueltas a eso, mordiéndome las uñas junto a la ventana, cuando Zayed entró a la habitación.
—Te noto intranquila —dij