Capítulo 136: Dos novias plantadas

MARIANA

Le acaricié la frente a Zayed con la punta de los dedos, despacio, para no despertarlo.

Dormía por fin, después de una noche mala. Tenía el ojo todavía morado, medio cerrado, y una venda gruesa cruzándole el pecho por la costilla rota. Cada vez que respiraba hondo, hacía un gesto de dolor hasta dormido.

Y yo no podía dejar de mirarlo y de pensar en lo mismo, una y otra vez, sin poder creerlo.

Su padre hizo esto.

Mansour Al Rashid mandó a golpear a su propio hijo. No a un socio, no a un
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