KARIM
Subí a la habitación de la señorita Layla con la caja de herramientas y me encontré un pequeño mar.
El baño estaba inundado. El agua salía de debajo de la llave del lavabo y ya empezaba a cruzar la alfombra del cuarto. Layla, en la puerta, con los zapatos en la mano y el vestido levantado para no mojárselo, me miró llegar con cara de pocos amigos.
—Yo pedí a Hassan. —Cruzó los brazos—. No a ti.
—Y Hassan pidió que viniera yo. —Dejé la caja en el piso seco—. Mi tío está ocupado llevando y