OMAR
Estaba terminando mi almuerzo cuando el bastón golpeó el piso a mi lado.
No necesité levantar la vista para saber quién era. En Dubái solo un hombre camina con ese golpe seco y arrogante, como si el suelo le debiera algo.
Mansour Al Rashid.
Se sentó en mi mesa sin que lo invitara, con esa cara de desprecio que trae siempre, hasta cuando viene a pedir favores.
—Hamza. —Dejó el bastón recostado en la mesa—. Te felicito. Eres, oficialmente, el hombre más inútil que conozco.
—Buenas tardes a t