MARIANA
—¿Cómo me veo? —Me di la vuelta frente al espejo, con el único vestido elegante que traje de México.
—Como la mujer más hermosa de Dubái. —Zayed me acomodó un mechón—. Y como mi mejor carta de presentación.
Esa noche teníamos una sola oportunidad.
Después de que Mansour llamara a medio emirato para cerrarle las puertas, solo un hombre no se echó para atrás. Uno. No le colgó, no lo dejó plantado en una oficina: aceptó una cena. Un hombre mayor, poderoso, respetado, de esos que ya no le t