MARIANA
Zayed llegó a la casa prestada cuando ya había anochecido, con dos maletas en las manos y algo nuevo en la mirada.
No era la cara de un hombre derrotado. Lo conozco, sé cómo entra cuando pierde, y no era eso. Era la cara de un hombre que acaba de cruzar una línea y no piensa volver.
—Ya está hecho. —Dejó las maletas en el piso—. Le dije a mi padre que me casé contigo. En su cara. La víspera de su gran boda con Aaliyah.
—¿Y? —Se me apretó el estómago—. ¿Qué te dijo?
Zayed se quedó callad