—¿Está todo bien, Karim? —le pregunté.
—Todo listo. —Arrancó, mirando los espejos con esa alerta de siempre—. El señor Zayed la espera. Y créame, señora, lleva una semana insoportable de los nervios. Nunca lo había visto así. —Se rió bajito—. El hombre negocia con reyes sin sudar, pero por usted anda temblando como un muchacho.
Se me llenó el pecho.
Llegamos a una casa pequeña en las afueras, sencilla, sin lujo, sin muros altos ni cámaras. Una casa normal. La casa de alguien que no quería ser