Luna disfrutó de una tarde en tranquilidad sin el pésimo de su exmarido, y aunque en su mente está presente la escena de él y aquella mujer sobre el escritorio, esta vez no se ha doblegado, ella ya está decidida a dejar a un lado los sentimientos que tiene por él.
Para su buena suerte, hay alguien en la empresa que está dispuesto a hacerla sonreír de nuevo.
—Señorita Hernández, desde hace unos días he visto que ya no llega en un auto propio, por favor permítame llevarla hasta su destino.
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