Escucho unos pasos afuera, debe de ser ese maldito infeliz que ha regresado temprano del trabajo, estoy temblando del miedo porque yo ni siquiera he hecho el almuerzo y seguramente me va a regañar porque trae hambre.
Tocan la puerta.
Que raro, si este hombre siempre carga su llave. Me asomo por una hendidura que tiene la puerta de madera casi destruida, pero a la vez demasiado fuerte porque ni con golpes la he podido romper.
Es un muchacho, no sé quién pueda ser pero yo le pediré ayuda a como p