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Con el chico no hablamos mucho. Solo le agradecía infinitamente por lo que había hecho, no sé en qué momento me confié y me quedé dormida.

—¡Luna! ¿Quién es este hijo de su puta madre?

De tan cansada que estaba, yo me recosté sin querer en el hombro de ese muchacho, de repente escuché la voz de un alterado y furioso Eduardo.

Pensé que estaba soñando. Pero cuando escuché una pelea abrí los ojos para darme cuenta de que era real.

—¿Por este maldito es que nos has abandonado?

Cuestionó mientras
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