Luna le pidió que no volviera a mencionar esas cosas. Le ordenó que durmiera y que al despertar esperaba que sus pensamientos ya se hubieran aclarado.
—No te hagas la graciosa, yo estoy ansioso porque tú me lo cuentes y ya me estoy desesperando. —¿Acaso… no es mío?
Preguntó el hombre con un nudo en la garganta y volteando su mirada hacia otro lado.
—Eduardo, yo no sé de qué embarazo hablas, antes de tener tu accidente también me lo mencionaste. — ¿Acaso tienes embarazada a la mujer con la que