Keira
Apenas el avión aterriza, Sebastian me venda los ojos sin querer dame ninguna pista de a dónde me ha traído. Le gusta jugar al misterio y, para qué mentir, me gusta esto de no saber qué esperar.
—Confía en mí, no dejaré que tropieces —me dice cuando comenzamos a caminar hacia la salida del avión.
—Lo hago, sé que me cuidarás.
Con su ayuda, desciendo del avión y me hace subir luego a un auto que nos lleva a nuestro destino. Sigo con los ojos vendados y sin la menor idea de dónde estam