Keira
Diez minutos después, viajamos en el jet privado de Sebastian a un lugar todavía secreto para mí. Me sorprendió mucho abandonar la limusina y darme cuenta de que estábamos en un hangar. No esperaba que nuestro destino final requiriera de un viaje en avión. La curiosidad me está matando. No saber a dónde vamos me está consumiendo en carne viva. Y todo es culpa del misterioso alemán que se niega a decir algo más que su poco informativo «solo tomará una hora». Con eso solo me dijo que el re