Keira
El hombre ni se inmuta cuando Sebastian me presenta. ¿A caso le había hablado de mi?
—Es un gusto conocerla, singorina Keira. —Me estrecha la mano con un fuerte apretón y sonríe con aparente simpatía.
—Lo mismo digo, señor Flavio —pronuncio sonriéndole. Me parece un hombre muy dulce y amistoso.
—Solo Flavio, estamos en confianza, singorina —enuncia con voz cantarina y con un marcado acento italiano. El señor es muy amable y atento y nos cede el paso al interior de una amplia y pulcra