Keira
Al final, la hora se transformó en dos, pero él me esperó pacientemente mientras hacía algunas llamadas sentado en un sillón del recibidor de la habitación. Elegí un atuendo similar al suyo: jeans, una blusa blanca ajustada sin tirantes y botines marrones. Me recogí el cabello en una cola alta y me maquillé de forma sutil, nada extravagante. Sebastian apreció mi elección con un beso extendido y un apretón de nalgas que me dejó excitada. Hasta tuve que volver a maquillar mis labios a causa