—¡Asher el despiadado de la mafia! ¿¡Qué demonios haces aquí?! —gritó Camilia, con la voz ronca por el humo pero rebosante de pura y cruda furia mientras lo miraba con odio.
Los ojos de Asher se entrecerraron, con su imponente figura proyectando una oscura sombra sobre la cama. —Estás acostada en mi dormitorio, en mi territorio, ¿y tienes la audacia de levantarme la voz? —dijo, dando un lento y amenazante paso hacia ella.
Antes de que pudiera terminar la frase, la mano de Camilia cruzó el aire.