Mientras tanto, en lo profundo de su inconsciencia, Camilia se encontró atrapada en un trance oscuro y asfixiante. El paisaje de su mente estaba lleno de humo negro ondulante, reflejando el infierno que acababa de consumir su hogar. Tosió con fuerza, sujetándose el pecho mientras avanzaba a trompicones a ciegas a través de la niebla.
—¿¡Hay alguien aquí?! —gritó al vacío, con su voz resonando. Nadie respondió.
Al girarse, sus ojos se clavaron en una pequeña y desgastada puerta de hierro que sob