Zayden se recostó en la camilla rodeando a Olivia con los brazos y dándole suaves palmaditas en la espalda para reconfortarla.
—No sé por qué te vi como si fueras Aland... Lo vi sosteniendo un arma, mirándome de una forma tan perversa y aterradora —confesó Olivia—. Sentí tanto miedo que actué sin pensar y le pegué; jamás imaginé que en realidad eras tú intentando calmarme.
Olivia se sentía profundamente culpable.
—No te preocupes por eso, la herida no es grave —respondió él.
Zayden sabía perfec