Olivia abrió los ojos y contempló el entorno silencioso de la habitación vacía.
—¿A dónde habrá ido Zayd? —murmuró para sí misma.
Intentó incorporarse, pero un punzante dolor en las ingles y una intensa rigidez en la zona lumbar se lo impidieron. Recordó la voracidad de Zayden la noche anterior; se había entregado con un ímpetu insaciable en repetidas ocasiones, como si jamás fuera a quedar satisfecho.
—Ugh, me parece que seré incapaz de levantarme —se quejó, dejándose caer de nuevo sobre el co