—La verdad, estoy confundido. Eres una gran dama, pero ¿por qué tu vida es tan miserable? —preguntó Zayden, metiendo una mano en el bolsillo del pantalón.
—¡No es asunto tuyo! —Olivia se levantó de un salto y se alejó, dejándolo atrás.
Zayden no tuvo intenciones de perseguirla; al fin y al cabo, era la elección de Olivia. Decidió ignorarla y llamó a su asistente para que fuera a recogerlo de inmediato. Un auto se detuvo frente a él y el hombre subió.
—¿No la traerá de vuelta? —preguntó Clif.
—N