«La señora Sanders».
Aquellas palabras continuaban resonando con eco en la cabeza de Olivia, provocando que su corazón latiera con un ritmo desbocado e irregular.
—¿Pero qué dice? ¿La señora Sanders? Definitivamente, ese hombre habla con una ligereza tremenda —se quejó Olivia con las mejillas encendidas.
Se cubrió el rostro con ambas manos, sintiendo cómo la piel le ardía, mientras contemplaba su reflejo en el espejo del tocador del baño.
—Cálmate, Oliv. No te ilusiones —se reprendió en un susu