—Buenos días —dijo Olivia, estirando ambos brazos. Su cuerpo se sentía renovado y su rostro lucía radiante tras haber disfrutado de un sueño reparador—. Se duerme tan a gusto aquí. Espero que el gato de Bengala no tenga prisa por regresarme a casa —murmuró para sí misma.
De pronto, su teléfono comenzó a sonar. Se giró hacia el origen del sonido, tomó el dispositivo y frunció el ceño al notar un número desconocido en la pantalla.
—¿Diga?
—¿Por qué tardas tanto en responder una simple llamada? No