Transcurrió alrededor de una horaentre divertidas charlas y un par de chistes en doble sentido que lograban hacer que las mejillas de la pelirroja ardieran al mismo tiempo que sus pliegues humedecían aún más mientras su mente imaginaba lo que Eizan haría con ella. Finalmente aparcaron en una lujosa y extravagante cabaña alejada completamente de cualquier civilización en varios kilómetros a la redonda, era como si solo existieran ellos dos en ese preciso instante y todo lo demás quedará en un se