Los tersos pétalos de rosa yacían esparcidos por doquier, incluso en el rostro de Adara quien se encontraba abrazada al imponente cuerpo de Eizan, la noche había terminado su jornada, dando paso al amanecer. La pelirroja contempló como la noche cedía ante el día, tuvo la idea de montarse a horcajadas sobre Eizan, quería atesorar en su memoria cada uno de los recuerdos de esa noche, amarlo sin límites ni restricciones… Aunque en el futuro incierto le rompiera el alma, trayendo del tipo de dolor