Erik y Kristen llegaron a la mansión Davis bajo el cielo teñido de un gris melancólico. Martha, sentada en el asiento trasero, mantenía la mirada fija en sus manos, temblorosa y abatida. Los acontecimientos recientes la habían dejado desmoronada, y el peso de lo que sabía parecía aplastarla.
—Martha —dijo Kristen con suavidad mientras salían del auto—, aquí estará a salvo. No tiene de qué preocuparse.
La mujer levantó la mirada brevemente y asintió con timidez, aunque sus ojos seguían reflejand