Kristen recibió a Charles con la calidez y ternura que siempre la caracterizaban. Lo ayudó a acomodarse en una de las habitaciones para huéspedes que había preparado especialmente para él, asegurándose de que todo estuviera en orden para que se sintiera cómodo.
—Señor Davis, esta es su casa. Si necesita algo, por favor, no dude en pedírmelo —le dijo con una sonrisa sincera mientras lo guiaba a la habitación.
Charles, conmovido por el gesto, le tomó las manos.
—Gracias, Kristen. Eres un ángel. N