Sasha salió de la oficina con el corazón encogido, pero con una decisión firme. Si Erik no quería escucharla, alguien más lo haría. Y sabía exactamente a quién acudir. Tomó un taxi y se dirigió directamente a la residencia de los Davis.
Al llegar, fue recibida por una de las empleadas domésticas, quien la condujo al elegante salón donde Verónica, la esposa de Charles Davis, disfrutaba de una copa de vino. La madrastra de Erik levantó la mirada al verla entrar.
—Sasha, querida, ¿a qué se debe tu