El trayecto hacia la mansión Davis estuvo cargado de tensión. Erik mantenía una mano en el volante, apretando los nudillos con cada pensamiento que cruzaba su mente. Kristen, sentada a su lado, trataba de mantener la calma, pero el aire en el coche estaba impregnado de preocupación.
—Maldito infeliz —dijo Erik de repente, rompiendo el silencio. —Tuvo que llevar a ese borracho miserable al juicio.
Kristen lo miró, tratando de apaciguarlo con su voz tranquila.
—Era de esperarse, mi amor. Seguro q