-¡Abre la puerta Emilia! ¡No puedes quedarte encerrada con Emma!- exclamó Valentina del otro lado de la puerta, girando el picaporte sin éxito, ya que la azabache había cerrado con cerrojo, advirtiendo de antemano esto.
La voz de la pelirroja apenas se escuchaba, siendo ahogada por el fuerte golpe de la lluvia contra el techo de teja y la ventana del cuarto. Parecía que estaba granizando, por la fuerza con la que se estaba cayendo el cielo.
Emilia ignoró a Valentina, no podía dejar de pensar en