Adrian llegó a su casa un poco más tarde del mediodía.
El último tiempo no había estado fuera de casa más de cuatro horas. Además, antes de irse al trabajo, había bañado a Emma, hecho que se cepillara los dientes, peinarla, que se vistiera, desayunara y la había dejado lista para jugar y nada más.
Eso había hecho todos los días como parte de su rutina de mañana, ya se estaba convirtiendo en un hábil padre.
Pero cuando llegó a la casa se encontró con una Valentina impaciente que arremetió contra