-¿Enserio no me recuerdas?
-Y-yo…yo… -La voz de la azabache sonaba quebrada, sin saber qué decir, aún la cabeza le estallaba. Realmente se estaba esforzando por recordar, pero le era imposible.
Adrian se acercó a ella con paso firme y se arrodilló delante de su amada, inspeccionó su cabello, recordando lo que le había dicho esa mujer. Luego tomó un mechón del largo cabello azabache y lo examinó como si fuera un espécimen extraño.
-¿Qué haces?- exclamó la joven con la voz temblorosa, alejando su