122. En un prado
122. En un prado
A falta de su buen juicio, Clara lo fue a buscar porque no se concentraba a la hora de dormir, era tonto, pero ya se había acostumbrado a la mano del alfa rodeando su cintura y posándose en uno de sus senos desde la parte de atrás o que ella se acurrucara en su cuerpo enterrando su rostro en el cuello y sus cuerpos entrelazados, le gustaba el calor que irradiaba el alfa, eso la tranquilizaba y la dejaba noqueada en poco tiempo, a veces le costaba escuchar a los gemelos cuando s