Capítulo 20. Un misterioso visitante.
Lidia ya había cerrado el libro de turnos, la clínica odontológica esa tarde estaba en sus últimos minutos de movimiento.
Había sido un día agitado, con revisiones, urgencias de ortodoncia y llamadas que parecían no acabar nunca. Se acomodó el guardapolvo blanco, apagó el monitor y suspiró, lista para irse.
Soñaba con llegar a su departamento, darse un baño con agua tibia y ponerse ropa cómoda. Lo mejor de las jornadas de trabajo era el momento en que terminaban.
Estaba guardando unos documento