—Buenas noches, señora Carluccio. ¿A qué debo el honor de su visita? —inquiere el hombre.
Me gusta que no se ande con rodeos, por lo que puedo ser totalmente franca desde el principio.
—Buenas noches, señor Lombardi. Ahora me llamo Lucrecia Montemayor. Usted me entiende es por… seguridad. En cuanto al motivo de mi visita, es porque necesito de su ayuda. —En cuanto escucha, suelta una sonora carcajada. Yo por mi parte permanezco impasible a la espera de que diga algo.
—Muy inteligente por su part