Giro mi cabeza para ver a Yelizaveta quien también intenta controlar un poco su respiración y cuando veo que su cuerpo se estremece un poco debido al frío tomo las mantas debajo de nosotros y nos arropo. Atrayendo su cuerpo al mío hasta dejar su cabeza apoyada en mi pecho.
—¿Bombón, estás despierto? —inquiere Liza después de unos minutos de silencio.
—Sí, cariño. Estoy despierto —respondo acariciando su espalda desnuda.
—¿Recuerdas cuando te pregunté con cuántas mujeres te habías acostado?
—Sí,